La Literatura de la Revolución
La
Revolución Mexicana, como movimiento armado que buscó transformar radicalmente
a la sociedad, no se expresó solamente a través de las armas; también hizo
acopio de otras expresiones como medio para comunicar las ideas de quienes
tomaron parte en ella como actores directos, a la vez que para reflexionar
sobre esos acontecimientos y sobre su real significado en la vida de toda la
sociedad.
La
literatura de la Revolución Mexicana es ante todo una expresión en el ámbito de
la narrativa, fundamentalmente la novela.
La
literatura aporta y complementa, para la comprensión del fenómeno
revolucionario, aquello que fuentes documentales como los manifiestos, planes,
proclamas, leyes y demás no pueden hacer: caracteriza, retrata de cuerpo entero
a los personajes, sus ideas, sus anhelos y sus pasiones.
Todo
aquello que no puede asentarse en un "documento oficial" se obtiene
por medio del boceto, del dibujo de los personajes literarios. Por ejemplo, la
literatura hace comprensible para el análisis histórico frases y sucesos
propios del periodo revolucionario, como el verbo "madrugar", que
aludía a la forma de asesinar a los contrarios, con alevosía y traición.
También
capta la literatura de la Revolución la manera de actuar de los políticos de
entonces y su falta de sinceridad, como bien se muestra, por ejemplo, en
"La Moscas" de Mariano Azuela: cómo se las ingenia cierto tipo de
gente para sobrevivir, siendo lo de menos de qué lado se encuentran sus
lealtades.
Ese
retrato crudo es un hilo conductor de la narrativa de la Revolución: no importa
quién, no importa qué, todo se convierte en sustento para descreer, para el
desencanto. Una visión tenuemente optimista sólo puede provenir del pueblo, de
su anónima capacidad para el sacrificio, para el valor, para la esperanza.