La
Independencia
de México y el Plan de Iguala
Después
que Miguel Hidalgo llamara a la lucha armada por la independencia de la Nueva España,
se desató un periodo de violencia en el que al principio las tropas
independentistas fueron ganando terreno.
No obstante,
la reacción del ejército leal a la corona española no se hizo esperar y logró
derrotar a la mayoría de los jefes insurgentes. El propio cura Hidalgo cayó
preso y fue fusilado por los realistas, terminando de esta manera la primera
etapa de la lucha independentista que iniciara el 16 de septiembre de 1810.
Aunque
desarticulado por la derrota y muerte de la mayoría de sus caudillos, el
movimiento independentista no estaba completamente acabado. Varios de sus
líderes se encontraban sosteniendo una guerra de guerrillas, al no contar con
la capacidad suficiente para enfrentar en forma al ejército realista; entre
ellos se encontraba Vicente Guerrero, en el Sur del país.
Por su
parte, el criollo Agustín de Iturbide –quien era un militar de carrera en el ejército
realista-, comprendió que dadas las circunstancias de Europa era difícil
aniquilar a los insurgentes de raíz.
Por ello,
se dio a la tarea de convencer a ambos bandos de optar por una opción
intermedia entre mantener a la Nueva España sujeta a la metrópoli e
independizarla completamente. Asimismo, llevó a cabo una campaña militar contra
los ejércitos independentistas que no aceptaran su propuesta.
El plan
que creó Agustín de Iturbide, fechado en la ciudad de Iguala el 24 de febrero
de 1821, consistía en mantener el gobierno del rey de España, pero sujetándolo
a la obediencia de una constitución.
Si el rey
Fernando VII no podía trasladarse a la Nueva España, el gobierno entonces se le
otorgaría a un miembro de su propia casa dinástica; por otra parte, mientras no
se pudieran reunir las Cortes, es decir, los representantes de todo el reino
novohispano en un congreso constituyente, se mantendría la obediencia a la Constitución
de Cádiz, que había sido jurada en 1812.