La Constitución de Apatzingán
Con la
captura y fusilamiento del iniciador del movimiento de independencia de la
Nueva España, el cura Miguel Hidalgo y Costilla, parecía que con ello acabaría
la insurrección en contra del imperio español.
Mas no fue
así, porque otro cura, José María Morelos y Pavón, no sólo continuó
la lucha, sino que realizó una intensa labor para reunir y organizar a todos
los demás caudillos independentistas, cuyo poder e influencia eran meramente
locales.
Esta
situación, en vez de ayudar a la causa, en la mayoría de las ocasiones se
convertía en un obstáculo para lograr el propósito libertario.
A la par
de la campaña armada que llevó a cabo contra las tropas realistas (leales al
rey de España), Morelos convocó, en 1813, a un Congreso Constituyente que
dotara al naciente Estado del instrumento fundamental que guiara su actuación y
la vida de la sociedad.
Dicha
reunión de los representantes de lo que llegaría a ser una nación independiente
inició sus trabajos en la ciudad de Chilpancingo.
Las
autoridades realistas no tenían punto de descanso en el combate contra las
tropas independentistas, por lo que se planteaba la necesidad de que el
Congreso Constituyente se convirtiera en una asamblea prácticamente nómada, en
la medida en que debía trabajar eludiendo a las tropas realistas, siendo su
única protección una pequeña guardia del ejército insurgente.
De esa
manera, el Congreso Constituyente tomó asiento en varias ciudades de Michoacán
y el 22 de octubre de 1814 fue promulgado, en la ciudad de Apatzingán,
el "Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana",
decreto que es conocido como la Constitución de Apatzingán.
En la
elaboración del texto de esa constitución intervinieron hombres como Andrés
Quintana Roo, Carlos María de Bustamante, Ignacio López Rayón y el propio José
María Morelos, entre otros.