La Alameda
La
historia de todas las naciones no sólo se refiere a los héroes o a las acciones
de los políticos y de los poderosos, también trata la construcción de los
espacios físicos que la sociedad crea en el transcurso de los años.
Aquellos
lugares que por alguna circunstancia especial adquieren mayor aprecio o valor,
son los más codiciados y con frecuencia quienes se los apropian son los
sectores más privilegiados de la sociedad.
Por
ejemplo, los sitios que se escogen para levantar un templo dedicado a las
deidades, como fue el caso de la fundación de la Gran Tenochtitlan o los
lugares estratégicos que ocupan los castillos e instalaciones militares.
Aquellas partes del entorno con mayor protección o mejor clima son disfrutadas
por los sectores pudientes de los grupos sociales.
La Capital
México no
ha sido la excepción y desde la conquista del imperio azteca en 1521, los
conquistadores eligieron como lugar de asentamiento de la capital el mismo
sitio que ocupara el centro del imperio mexica.
Además de
contar con una situación militar estratégica en medio de una laguna,
Tenochtitlan representaba el centro del poderío económico, político, militar y
hasta religioso del derrotado imperio.
Una vez
que los españoles se dieron a la tarea de construir la capital de la Nueva
España sobre las ruinas de lo que fuera el Templo Mayor, levantaron la Catedral
Metropolitana y el Palacio de Gobierno.
Los
mejores espacios fueron otorgados a quienes habían intervenido directamente en
la conquista y a los que por alguna razón, ya sea de índole política, religiosa
o económica, vinieron de la península ibérica a ocupar puestos de importancia.
En
contraste, los naturales de estas tierras fueron empujados hacia las orillas
del islote o hacia los sitios que no podían ser ocupados a conveniencia de los
conquistadores.